miércoles, 7 de enero de 2015

La literatura juvenil y el "Bolo de Natal" de la abuela


Se acabó la Navidad. Dicen que todas las Navidades se parecen. Posiblemente. Y es una suerte. En la mía no faltó el bolo (bizcocho) de nueces que huele a canela y limón azucarado de la abuela brasileña. Y entre otros clásicos, el tiempo dilatado en un horario que no me toca, horario de verano en diciembre. En mis manos, de nuevo, esa colección que hace unos años liberamos de las termitas y que no acabaré ni en ésta ni en las próximas veinte Navidades. 
Clásicos de la Literatura Juvenil, de la editorial Abril Cultural, de 1971. Cincuenta títulos. Muchas sorpresas: novelas que nadie más lee convertidas en clásicos del cine, títulos que en España dejaron de editarse hace más de cincuenta años; historias inesperadas que hubiera deseado conocer siempre...  Belleza Negra, de Anne Sewell, El jardín secreto, de Frances Hodgson Burnett o las historias del apache Winnetou, de Karl May..., con deliciosas ilustraciones en blanco y negro, algunos traducidos por la escritora Clarice Lispector.
De muchos de ellos no se lee el título en el lomo. Cojo uno al azar y lo abro con cierto recelo, la pátina de estos libros antiguos mancha la yema de mis dedos. 
Párrafos para leer sin prisa. Literatura. Páginas cargadas de aventura, pero también de descripciones, palabras difíciles, subordinadas, subjuntivos, y hechos complejos; historia, además de ficción. No es fast-book. Es un bizcocho de nueces, canela y limón azucarado.